Manuel Borrás: clase maestra

Manuel Borrás

Por Claudia Cáceres Rivero

Creció escuchando narraciones por parte de su madre y de una cocinera extremeña, que lo convirtieron en un lector gustoso. Fue en esos años que conoció América a través de los versos de Rubén Darío y nació su interés por la narrativa del otro lado del mundo, interés que lo ha llevado a apostar por escritores como Luis Loayza, Blanca Varela y Antonio Cisneros. Según él, ha editado aquello que no ha logrado olvidar, por haberle sido útil a su vida, y como considera que no solo puede serle útil únicamente a él, lo comparte con otros.

Manuel Borrás es licenciado en Filología Moderna. En 1976, siendo aún estudiante, y de la mano de Manuel Ramírez y Silvia Pratdesaba, fundó en Valencia la editorial independiente Pre-Textos, la cual se ha caracterizado por aplicar un criterio de excelencia en la selección de los autores y obras de su catálogo: término que, según Borrás, refiere al mejor libro que un editor puede escribir y que los ha hecho ganar merecidamente renombre y premios, entre los que destacan el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial (1997), Reconocimiento al Mérito Editorial (FIL Guadalajara, 2008), Editores del Año (FIL Lima, 2009), entre otros. En el 2016 Pre-Textos cumplió 40 años de infatigable labor y, debido a ello, Borrás recibió la medalla de oro al Mérito en Bellas Artes.

Usted, Manuel y Silvia empezaron Pre-Textos repartiéndose el trabajo. Ahora, cuarenta años después, siendo editor literario, ¿cuántas personas tiene a su cargo?

En efecto, nuestra editorial se sostiene en ese trípode. A mi cargo propiamente solo tengo a dos personas y ambas son lectores, es decir, aquellos que me asisten en la tarea de estudio, evaluación y selección de los textos que recibo.

En la actualidad, ¿cómo captan a los autores de su catálogo?

Me gusta más el verbo elegir o escoger. Nosotros, pues, escogemos entre lo que se nos envía, entre lo que el azar de la lectura en varias lenguas (inglés, alemán, francés, italiano, portugués y catalán) nos depara, por la recomendación, en ocasiones, de personas amigas cuyo criterio nos merece total confianza.

¿Qué cualidades distinguen a un buen editor?

La curiosidad universal, la capacidad de lectura y la intuición.

Para usted, ¿el olfato de editor es innato o se aprende?

En mi experiencia se aprende pero hay que matizar que su aprendizaje es largo y hay que comenzarlo desde muy joven. Suelo decir a este respecto y a otros que nada verdaderamente importante requiere urgencia.

¿Qué tan importante es la intuición como virtud del editor?

Desde siempre sostuve que antes que la información, lo esencial para un editor literario es la intuición pero no la intuición por sí sola sino basada en la experiencia; sin menoscabo de que la información puede serte de utilidad aunque en un segundo plano. La información sin experiencia propia no sirve de mucho.

¿Por qué cree que un editor-editor tiene un punto de vista menos prejuiciado que el editor-autor?

Sin ánimo de establecer maniqueísmos, habida cuenta de que la historia de la edición está jalonada de excelentes editores que fueron a la vez autores, sigo pensando que el editor a secas, al no tener que escoger una parte de la realidad para dársela a los otros, es mucho más libre a la hora de determinar sin prejuicios estéticos cada una de las partes que componen ese poliedro de sensibilidades estéticas que es en todo momento la inagotable realidad del mundo.

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¿Qué es para usted el alma de la editorial?

Es el espíritu del editor a la hora de procurar entregar a los otros lo mejor de aquello que le ha ayudado a vivir, es decir, a ensanchar el campo de la bondad y la belleza en la propia vida. De este modo, aspiro a mantener vivo el necesario pacto de amistad entre autores y lectores.

En relación con esto, ¿cuál sería el compromiso del editor con la cultura?

Mantener en vigor y de plena actualidad la «vida del espíritu» como núcleo esencial de la cultura y ampliar las siempre frágiles fronteras de la libertad de creación y pensamiento.

¿A qué se refiere cuando habla de la soledad del editor?

A que la mayoría de las veces toma sus decisiones en soledad, es decir, es quien lee en solitario y de la misma manera fija las jerarquías y las propone a la intemperie de los otros, a la espera de que lleguen a buen puerto, donde están los amigos lectores que también leen en soledad como en soledad escribieron los amigos autores.

Ustedes en España sufrieron mucho por la crisis económica, ¿cómo se puede mantener una editorial independiente en tiempos difíciles?

Con mucha fe, no solo en lo que se hace ni tampoco únicamente para beneficio propio, sino con fe de que ayude a los otros y alimente su propia fe. Como dice nuestro amigo y joven poeta Bruno Mesa en el último libro que le hemos publicado: «toda fe es una madera suficiente/ basta si con ella puedes hacer tu fuego». Por otro lado, los peruanos, como el resto de pueblos latinoamericanos, sois el ejemplo vivo de cómo sobrevivir con dignidad a sucesivas crisis. Todos, editores o no, deberíamos mirarnos en vuestro espejo.

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