Antonio Martín: paladín de las letras

Dotado de una gran experiencia en la corrección y edición de textos, nos visitó el año pasado con motivo del 4º CICTE junto con sus compañeros del colectivo Palabras Mayores y sorprendió con sus conocimientos sobre las macros de Word. Antonio Martín, el filólogo y director de Cálamo y Cran, ha batallado por mejorar la condición laboral de los correctores de textos en España, como activista y fundador de la Unión de Correctores (UniCo). En 1997, abrió Cálamo y Cran, un instituto para profesionales del lenguaje y la edición. Y en el 2015, creó la web La lectora futura, dedicada al mundo del libro en español. Asimismo, hace algunos años con Jorge de Buen, Alberto Gómez Font y Xosé Castro formaron Palabras Mayores, un colectivo que imparte conferencias y cursos de capacitación en diversos países.

Usted es una persona muy conocida en el ambiente editorial. Pero, ¿cómo era Antonio Martín en sus inicios?

En mis inicios como corrector trataba de aprender el oficio de la mano de mis primeros editores, a base de prueba y error. Cuando era estudiante de Filología Hispánica, estaba convencido de tener la verdad sobre cualquier cuestión del lenguaje porque estudiábamos y analizábamos distintas gramáticas. Descubrir la ortotipografía, la composición de cerca y ser menos purista me permitió entender con claridad qué rayos es esto de la edición. Desde los 12 años hacía revistas y fanzines, utilizando la máquina de escribir, fotocopiadora y luego los primeros procesadores de texto. Yo estaba convencido de que iba a ser periodista. Llevé durante siete años un programa de radio «El otoño en Pekín» con mis amigos: el ahora reconocido poeta Alejandro González Terriza (El agua siempre encuentra su camino, Devocionario pop) y el multipolivante italoespagnolo Emiliano Bruno, editor y cosmópata. Al final, el mundo de la edición me abdujo y no he podido salir aún. Solo espero que alguien me devuelva pronto a mi planeta.

antonio martiní
Antonio Martín

¿Qué experiencias fueron fundamentales para que decidiera formar Cálamo & Cran?

Cuando tienes un considerable aumento de trabajo necesitas otros profesionales como tú a los que derivarles esos encargos, para que tu cliente quede satisfecho y vuelva a ti. Como mi trabajo se acumulaba, pensé que era necesario formar una empresa con ese equipo. Mi amiga de toda la vida, Celia Martín —abogada con conocimientos de administración y gestión— se convirtió en mi socia. Menos mal: ella siempre ha sido la parte sensata de C&C: hacemos un buen equipo.

Al principio C&C solo era una empresa de servicios editoriales, esencialmente de corrección. Cuando tuvimos que buscar más profesionales, nos percatamos de que apenas podíamos encontrar unos pocos a la altura de nuestras expectativas. Por ese motivo decidimos formarlos, para que se incorporaran a trabajar con nosotros. Como yo también seguía siendo profesor (de español, sobre todo) y me encanta la docencia, fue un placer formarlos. Hemos enseñado qué se hace, cómo se hace, para qué sirve, y, sobre todo, cómo ganarse la vida con ello. Como nuestros alumnos salían muy satisfechos y con facilidad para encontrar trabajo, tuvimos una considerable afluencia de inscritos en las posteriores ediciones. Luego empezamos a formar a más profesionales del lenguaje y de la edición, pero siempre con ese propósito práctico, adaptado a las necesidades reales del día a día, con un programa de contenidos exigente, realista, lejos de planes académicos obsoletos y cargados de horas innecesarias.

¿Qué cursos se imparten en Cálamo y Cran?

Formamos especialistas en edición, lenguaje y comunicación. Digamos que enseñamos todo lo que tienes que saber para trabajar en una editorial, como independiente o contratado, para crear tu propio negocio o saber reorientarlo. Incluso para trabajar como profesor de español. A nuestros cursos acuden tanto jóvenes estudiantes, que quieren compaginar sus estudios universitarios con una formación más práctica, como profesionales que necesitan reciclarse y actualizarse. En edición enseñamos todas las profesiones, herramientas y habilidades: desde un gran curso de edición (avalado por el CERLALC y la Universidad Europea de Madrid) hasta especialidades como el libro digital, la novela gráfica o marketing editorial. Nuestro curso estrella sigue siendo el de corrección. 20 años adaptándose y transformándose para seguir siendo el número 1. Asimismo, están abiertos a estudiantes de todo el mundo, ya que la mayoría de cursos los dictamos online.

Lo he escuchado hablar de las macros y comodines de Word y me parece un experto. ¿No ha pensado sacar un libro sobre el uso de las macros?

Me matas. Debería haberlo terminado hace años. Estoy terminando la traducción del libro de Jack Lyon, The Macro Cookbook. Ahí añado algunos trucos de mi cosecha. Pero sí, debería, debería…

Lo que me sigue sorprendiendo es que esto de las macros siga pareciendo magia cuando en realidad es solo una opción para sacarle mucho más rendimiento a tu computadora. No hay que verlo como una cuestión sobre informática o computación: ¡es productividad! ¡Es ser más rentable! En el fondo es solo eso. Y sobre todo, lo mejor, sirve para recuperar horas de trabajo inútiles y aburridas que se pierden haciendo correcciones mecánicas y repetitivas. Deja que Word (o InDesign u otra máquina) trabaje por ti. ¡Es muy fácil!

He leído que recomienda a los correctores probar en otros sectores (como el publicitario) si no tienen suerte en el editorial. ¿Conoce casos de éxito?

Sí. Casos de éxito mutuo: los asesores lingüísticos (nunca te presentes como «corrector» en ese sector) ganan más, les dejan hacer su trabajo, y, a cambio, los publicistas salvan su imagen escrita y se ahorran horas de tiempo perdido.

¿Cuál es la situación del corrector en España? ¿Es mejor que en otros países de habla hispana?

Disfrutamos de una excelente organización, como pudimos comprobar en el 3er CICTE. Además estamos hermanados con otras asociaciones de profesionales del lenguaje (la Red Vértice) y mantenemos un contacto fluido con las asociaciones de corrección en español: ASCOT, ACORTE, CORRECTA, la de profesionales de la corrección de Uruguay y la recién nacida en Argentina, además de la fundación Litterae. En ese aspecto, genial. Pero en el día a día, no es nada fácil. Precisamente tenemos una excelente organización gremial para dar respuesta a las injusticias e infravaloraciones que sufrimos. Hemos promovido muchos cambios y mejoras, así como la defensa directa de nuestros asociados frente a morosos. Es difícil hacer una valoración justa en comparación con otros países. Mientras en México puede que tengan unas tarifas mucho mejores, parte de esa ganancia debe emplearse en servicios sociales que nuestro país ya nos presta. Esta es una de mis preocupaciones, uno de los asuntos que más me interesan: solo con un punto de vista global podemos entender mejor el alcance de nuestro trabajo, nuestras responsabilidades y, por lo tanto, de nuestro compromiso y nuestras necesidades económicas.

corrector de estilo

¿Qué textos le parecen fundamentales para el aprendizaje de cualquier corrector?

​En el caso español, hace poco sugerí esta lista de libros imprescindibles:​

Para entender el sector, la profesión y la materia de nuestro trabajo:

  • La industria del libro, Jason Epstein
  • Manual de edición y autoedición, Sousa
  • Manual de diseño editorial, Jorge de Buen
  • The Subversive Copy Editor, Carol Fisher Saller

Para aprender el oficio:

  • The Copyeditor’s Handbook, Amy Einsohn
  • Curso práctico de corrección de estilo, Susana Rodríguez Vida
  • El neologismo necesario, Valentín Yebra
  • La cocina de la escritura, Daniel Cassany
  • Ortografía y ortotipografía del español actual, Sousa
  • Manual del español correcto, Leonardo Gómez Torrego

Referencias imprescindibles:

  • Manual d’estil, Josep Mestres y otros
  • Ortotipografía, Josep M. Pujol y Joan Solà
  • MELE, de Sousa
  • Tipografía y notaciones científicas, Javier Bezos
  • El libro rojo de C&C

Y en diccionarios, ante todo, el de dudas de Seco, y el de El español actual que hizo con Olimpia Andrés. También María Moliner, por supuesto.

¿Cuál ha sido el mayor logro que ha tenido como presidente de UniCo?

Un presidente no logra nunca nada solo. Como persona, como padre, puedo estar feliz por construir un planetario a escala para mis hijos, por ejemplo, o correr más kilómetros en menos tiempo: son retos realmente personales que te satisfacen o hacen disfrutar a los que más quieres; pero un presidente no es nada sin los socios ni la junta. Muchas de mis iniciativas fueron reconducidas bien hacia la sensatez del resto del equipo,  bien hacia el acuerdo de la mayoría. El logro que hemos conseguido es el más obvio y el más sencillo: que los profesionales de la corrección tengan voz propia, lo que redunda en su dignidad y autoestima. A partir de ahí viene el resto.

Por último, muchas personas creen que lo digital traerá abajo la industria editorial. ¿Ud. qué opina?

Ese es un pensamiento ludita. Hay que reconvertirse. Los correctores debemos ir aprendiendo nociones básicas de programación, mejor gestión de nuestros programas y conceptos esenciales de XML (indispensables para lo que se conoce como edición líquida: de la edición digital a la web y el papel). El sector editorial sigue envuelto en un proceso de reconversión industrial. Hay que adaptarse. No es tan terrible. Y además, un corrector, un asesor lingüístico, tiene que llevar su trabajo más allá del mundo editorial: toda empresa que edita (manuales, informes, webs…) utiliza el lenguaje, y en esas palabras reposa su imagen. Siempre necesitará de un técnico de control de calidad. Tenemos mucho trabajo por delante.

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